Hubo un tiempo en el que Matt Murdock era un ciego con un bastón que se ponía un pijama de colorines y se enfrentaba a malosos estrafalarios. En esa época era un remedo más soso de Spiderman sin sus problemas de adolescencia, sin sus líos de instituto, sin sus estrecheces económicas de huérfano, sin esa pinta de empollón tirillas que hacía que los lectores se identificasen con él. Matthew Murdock era un abogado de éxito, un playboy, un tío guapo y con buena planta. Entonces Matt Murdock se llamaba Dan Defensor. Hasta que llegó Frank Miller. Entre referencias a Will Eisner y homenajes a Kazuo Koike y Goseki Kojima, Miller lo convirtió en Daredevil, el hijo del boxeador. Lo oscureció, lo hizo adulto, lo cargó de remordimientos, dejó los dramas cósmicos para superpoderes mayores e hizo que se enfrentase a amenazas más terrenales, más creíbles: ladrones de poca monta, mafiosos de altos vuelos.

En esto de los tebeos tengo claro que lo que cuenta a la hora de calibrar el valor de una obra es la nostalgia. Aquellas cosas que nos pillaron vírgenes, las que nos formaron como lo que somos cuando todavía teníamos los depósitos vacíos, son las que han dejado la huella más indeleble. Un tatuaje que todavía nos marca y que nos impide ver las cosas con la recomendable distancia. Sin embargo, es evidente que cuando Born Again se publicó tenía por fuerza que ser todo un impacto. Con este trabajo, Frank Miller construye la historia definitiva de Daredevil, su última aventura, su descenso a los infiernos. Armado de una poderosa imaginería católica escribe el particular vía crucis del personaje paralelo a la pasión de Cristo. Es traicionado por su propio Judas, negado por su particular San Pedro, padece sus caídas en cada estación de su cruz y es destrozado, torturado y mutilado como en la canción de Andrew Lloyd Weber y Tim Rice. Su crucifixión metafórica, pero plasmada gráficamente como un sudario de Turín, culmina con un reflejo visual de la Piedad de Miguel Ángel. Y su resurrección, puesta de manifiesto en la calculada splash page que abre cada capítulo, lo lleva de estar cada vez más encogido sobre sí mismo hasta la posición fetal para finalmente ponerse en pie. Vuelto a nacer. Born Again. La segunda parte del relato resulta más convencional, más volcada a la acción y, paradójicamente, menos contundente. David Mazzucchelli acompaña adaptando inteligentemente su estilo de dibujo según las necesidades narrativas. Ambos autores sabían que tenían entre manos la revolución de un género del que, después de la edición definitiva de hace unos años, llega ahora la edición requetebonitísima. Aleluya.

Daredevil Born Again.
Edición original: Marvel Comics 1986.
Guión: Frank Miller.
Dibujo: David Mazzucchelli.
Color: Christie "Max" Scheele.
Traducción: Raúl Sastre.
Realización y rotulación: Estudio Fénix.
Panini Cómics 2016.