Escribir no tiene nada de gozoso. Es un proceso que duele, en el que sentimos que tenemos que arrancar cada palabra. El pánico ante la página en blanco impide escribir nada coherente y, luego, las ideas se agolpan confusas queriendo tomar forma, pugnando por salir apelotonadas en la puerta de emergencia. Cada una de ellas supone un parto perentorio, inevitable, necesario, que, sin embargo, desearíamos evitar con todas nuestras fuerzas. Llega un momento en que cada frase suena insignificante, absurda. Pero no poder escribir, darse cuenta de que uno está vacío y de que no le queda nada por contar, de que no queremos esforzarnos, de que ya no nos merece la pena, hace que nos sintamos sin sentido, secos y muertos por dentro. No hay impotencia mayor.

El dolor de escribir y su insignificancia, la impotencia y la muerte, conducen este misterio de muñecas rusas. Un relato fragmentario y laberíntico que se mueve como en sueños y sobre el que se cierne de manera constante la tensión. De un esteticismo exquisito y de una delicadeza endiablada, exuda sensualidad a la vez que resulta obsesivo y enfermizo. El trazo de la autora, sublime y estilizado, encuentra novedosos enfoques y planos que se revelan sorprendentes y tremendamente efectivos al colocar el foco principal fuera del centro e, incluso, de cámara. Hay que estar muy atento a los recursos narrativos porque en la historia el tiempo es un todo simultáneo, pero el resultado es hipnótico y delicioso. Habría resultado una experiencia lectora mucho más placentera en una edición en un único tomo, pero es comprensible la decisión por parte de una editorial pequeña de minimizar riesgos, siendo esta una temática inusual y la autora poco conocida. De ritmo pausado y elegante, no leerá otro manga como este.

Utsubora.
Edición original: Ohta Publishing 2010.
Guión y dibujo: Asumiko Nakamura.
Traducción: Salomón Doncel-Moriano Urbano.
Rotulación: No consta.
Milky Way Ediciones 2015.