En una sociedad esclavista, el amo proporciona casa y comida a los esclavos a cambio de su trabajo. También dispone de su vida. Puede hacer con ellos lo que le venga en gana. Este es el mundo de hoy. Nos lo disfrazan con una ilusión de libertad y consumismo, pero el sueldo que pagan los amos es para gastarlo en las necesidades que ellos nos hacen creer que necesitamos. Trabajamos para comprar lo que nosotros mismos producimos, para que siempre ganen los mismos y siempre pierdan los mismos. Sólo los útiles son válidos; los torpes, los viejos, los que no tienen talento, no merecen la mínima existencia digna. Los brillantes bienes del comercio son para aquellos que lo merecen, y ellos arrastrarán sus vidas para conseguir el último iPhone. Pero ¿y si fuera para meramente sobrevivir? ¿Pactos de legislatura? ¿Rojo o azul? ¿Continuismo o ruptura? Citando a The Who: “Meet the new boss… same as the old boss”. El verdadero poder, el único existente, es el económico. Es entonces, cuando no queda nada que perder, cuando se vive sin miedo.

Lazarus acepta abiertamente este sistema de producción y lo muestra hasta sus últimas consecuencias. Inteligentemente escrito, como no podía ser de otro modo viniendo de quien viene, Greg Rucka y Michael Lark, y con otro de los grandes personajes protagonistas femeninos al frente habituales del guionista, equilibra la intriga, la acción, la introspección psicológica y la denuncia sin que se convierta en un panfleto ni en un tostón intelectualoide. Las magníficas escenas de lucha, incluso para alguien como este su seguro servidor, a quien ese tipo de tebeos le resbalan profundamente, no ensombrecen una alegoría sobre la situación actual trasladada a un futuro no tan lejano, con las grandes fortunas regulando cada uno de los pasos de los ciudadanos según le sean útiles para sus propios fines o no. Algo que, sin duda, llevan haciendo mucho tiempo ya. Hay magistrales ecos de la situación actual, como la referencia a los hijos que heredarán las deudas en condiciones leoninas de sus padres y que “estarán pagando hasta el día de su entierro”. Aparte de algunas lagunas en la idea base, y de que el dibujante, a pesar de ser brillantísimo, en algunos momentos se pase de esquemático, Lazarus es otra de esas obras que parecen no estar haciendo mucho ruido, pero que es de las más estimables que se están publicando. Lo único que me preocupa es que al final no mantenga la bien lograda balanza entre espectáculo y denuncia social y se decante por lo primero. Pero, por ahora, es una pequeña maravilla.

Lazarus.
Edición original: Image Comics 2013-presente.
Guión: Greg Rucka.
Dibujo: Michael Lark, Stefano Gaudiano, Brian Level.
Color: Santi Arcas.
Portadas: Michael Lark, Owen Freeman.
Traducción: David Domínguez.
Realización: Martín Garcés.
Norma Editorial 2015-presente.