“La verdad se expresa mejor en la lengua de la poesía y el simbolismo”. “Como poetas, es nuestro deber apartar la mirada del lodazal, levantar la vista y decirles a nuestros semejantes que hemos visto un mundo mejor que este”. “Mis versos se venden a mujeres medio lelas y jovencitos “byronicos”, y los tuyos no se venden. ¿De verdad crees que representamos una amenaza para los gobernantes de este mundo?” “Las palabras detonan a lo largo de los siglos. Un día, los hombres y las mujeres serán iguales, se librarán de la tiranía, de Dios y del miedo, y nosotros habremos ayudado a avanzar ese día con nuestras palabras”. “La utopía de la que hablo está en la imaginación. No está construida, crece. Crece en los corazones de los hombres que aman la libertad. Nuestras palabras deben dibujar los mapas de ese nuevo mundo, para que otros puedan encontrar el camino hasta allí”. “Todo el que oye la voz original del subconsciente la interpreta de forma diferente. Todos oyen lo que necesitan oír”. “A menudo, un tesoro oculto se convierte en lodo y porquería a la luz del sol”. “Los poetas tienen derecho a la vanidad y el orgullo, pues les roban a los dioses el poder de la creación. Rehacen el mundo con palabras, a imagen de sus sueños. Y el resto de nosotros debemos vivir en él”. “Algunos dicen cualquier cosa para parecer inteligentes e interesantes”.

Los Invisibles es una obra de tesis ambiciosa y ególatra de un autor que quiere ofrecer su summa poetica y ser el chamán que nos abra los ojos a la explicación del universo y de la vida. Que aquí están las líneas maestras, y un buen puñado de secundarias, que inspiraron la película Matrix es más que evidente. Pero es también, eminentemente, un tebeo tramposo. Lo que presenta como un alegato rebelde que llama a la revolución contra las grandes manos que controlan el mundo, es en realidad un ladino ejercicio mercantilista, la venta de un producto que se vale de una de esas poderosas corporaciones para ofrecernos la ilusión que apetecemos a cambio de nuestro dinero. Si quieres ir contra el sistema, compra esto; si quieres ser diferente, pasa por caja; si quieres sentirte un luchador, paga. Grant Morrison quiso construir su propia cosmogonía mirándose en el espejo del Sandman de Neil Gaiman, buque insignia por aquel entonces del sello Vertigo, simple y llanamente porque eso era lo que consumían los chavales que leían cómics. Todo el ropaje intelectual y místico es un tremendo macguffin para disfrazar a conciencia otra historia de superhéroes con superpoderes, superpersonalidades y supersex-appeal. Esto es, el género comercial por excelencia. Cuando el autor, como buen mercader, se da cuenta de que su producto no vende porque su historia no ofrece la suficiente acción y los dibujantes no están a la altura de la experimentación y objetivos, da un bandazo a temas más comerciales e ilustradores más espectaculares sin renunciar al batido de influencias que nos deja bien claro lo mucho que ha vivido y ha aprendido. Intelectual y formalmente brillante; con un elenco de personajes entrañables, incluso. Pero, como suele suceder con las obras de autor de Morrison, ¿a quién le importa realmente la historia que está contando? Asumido esto, y leído con distanciamiento, Los Invisibles es un viaje lisérgico muy disfrutable por sí mismo y, a la vez, mientras se desenmaraña todo el bagaje de referencias que alberga.

Los Invisibles.
Edición original: The Invisibles, Vertigo 1994-2000.
Guión: Grant Morrison.
Dibujo: Steve Yeowell, Jill Thompson, Phil Jiménez, John Stokes et al.
Color: Daniel Vozzo.
Portadas: Brian Bolland, Sean Phillips.
Traducción: Guillermo Ruiz Carreras.
Realización: Juli Cases, Esteban Carmona, Marc Vilaplana, Dolores Faraco, Pablo Esguevillas, Francesc Martínez.
ECC Ediciones 2015-2016.