Sólo compro lo que voy a leer, sólo leo lo que de verdad me apetece y sólo reseño lo que en puridad me ha gustado. Siendo de natural minimalista, no están todos los que son, pero sí son todos los que están, evidentemente. Así pues, la cosa se queda en diez.

Por orden alfabético, los cinco mejores nuevos cómics publicados en 2015 para quien esto suscribe son:

Chapuzas de Amor de Jaime Hernández editado por La Cúpula. El que, a la postre, ha resultado el mejor de los hermanos que parieron Love & Rockets vuelve a emocionar con un trazo cada vez más depurado y un sentido de la narración pasmoso en la última entrega de las vidas de Maggie y Hopey, y, por ende, de todos nosotros. De lágrima.

Pax Americana de Grant Morrison y Frank Quitely editado por ECC. El calvo guionista escocés se alía con su mejor ilustrador para deslumbrar con una lección de amor por el cómic, su relevancia y su significado, mientras nos deja los ojos como platos desplegando todos los recursos conocidos en el medio e inventándose un buen puñado de paso. Inagotable.

Revival de Tim Seeley y Mike Norton editado por Aleta. Otro triunfo de Image Comics y su política de dejar que los autores sean propietarios de sus trabajos. Una vuelta de tuerca a las historias de muertos que vuelven de la tumba, mezclada con el género negro, ambientada en la América rural y con el sabor de películas como Fargo y la primera temporada de la serie de televisión True Detective. De culto.

Saga de Brian K. Vaughan y Fiona Staples editado por Planeta. Uno de los creadores más certeros del panorama mainstream actual vuelve a utilizar un gran mcguffin para contarnos su visión de las relaciones familiares, fundamentalmente, pero no sólo, paterno-filiales y la experiencia de criar a su primer retoño. Todo ello enmarcado por unas viñetas bellísimas en una space opera reminiscente de La Guerra de las Galaxias y El Señor de los Anillos, sin olvidarse de en qué consiste el negocio y dejar así cada episodio colgado de un cliffhanger irresistible. Ilusiona.

Sunny de Taiyô Matsumoto editado por ECC. Onírica y terrenal a partes iguales. Dura como una bofetada inesperada y amable como una novela de Louisa May Alcott. La historia de unos niños en una casa de acogida, y sus relaciones entre sí y con el mundo que les rodea, vista por uno de los autores más personales del, a menudo, encorsetado mercado japonés, y con algunos de los dibujos más evocadores que se han visto en mucho tiempo. Para paladares finos.

E, igualmente por orden alfabético, las cinco mejores reediciones de 2015 para este blog son:

Bernard Prince de Hermann y Greg editado por Ponent Mon. Monsieur Huppen en su mejor momento y asistido por su mejor guionista. El gusto por la aventura, los escenarios exóticos y unos personajes inolvidables, que toman los esquemas más manidos y los ponen cabeza abajo. Una recuperación de justicia.

Blanco Humano de Peter Milligan, Edvin Biukovic, Javier Pulido y Cliff Chiang edtiado por ECC. Uno de los mejores cómics de género negro de la historia con un relato laberíntico en fondo y forma, y, a pesar de su complejidad, adictivo. Seguramente el trabajo más certero del guionista, claro y apasionante, dentro de su habitual complejidad. Una gema oculta.

Hellblazer de Garth Ennis, Steve Dillon y un buen puñado de ilustradores más editado por ECC. La recuperación de la etapa más mítica de un personaje icónico en una labor titánica y formato impecable. Ha habido otros autores que se han encargado de las peripecias de John Constantine, pero el irlandés es el mejor para iniciarse en él. Diversión a raudales.

Miracleman de Alan Moore, Garry Leach, Alan Davis, John Totleben y otros editado por Panini. El tebeo que lo cambió todo. Mítico, transgresor y rompedor, su influencia se extiende hasta nuestros días y sigue sin ser superado. Imprescindible.

Pies Descalzos de Keiji Nakazawa editado por Random House. El recordatorio obligado de que las guerras siempre las empiezan los mismos y simpre las pierden los mismos. Sin maniqueísmos, pero con un claro espíritu didáctico. No os creáis todo lo que los mayores os digan, niños. Necesario.