Enfrentarse a una lectura (en sentido amplio: leemos un libro, una película, una narración oral, lo que sea) supone preguntarse dos cosas bien distintas: qué se nos cuenta y de qué trata lo que se nos cuenta. Seguramente habrán visto Forrest Gump, una de las mejores interpretaciones del, a veces injustamente, otras no tanto, vilipendiado Tom Hanks. La cinta cuenta las peripecias de un tipo con aparentes pocas luces que consigue manejárselas muy bien y alcanzar lo que el común de los mortales consideraría “éxito” en la vida. Pero podríamos decir que trata de lo grande que es el sistema americano, que da oportunidades de triunfar hasta a alguien tan bobalicón como el protagonista; o también, al contrario, de qué birrioso es el sistema americano, que encumbra a un tarado como ese. El asunto es siempre interpretable y, si a Forrest Gump vamos, yo tengo mi teoría. Volveremos sobre ello más adelante. Normalmente uno se queda en la anécdota, en lo que se cuenta, y no profundiza, no ve más allá, no lee entre líneas ni busca una intención en lo que estamos leyendo. Sin embargo, hay ocasiones tan especiales, que te golpean de tal manera en la cara, que no podemos evitar fijarnos en el trasunto y olvidarnos inmediatamente del argumento.

Tomemos aire: Más allá del laberinto formal que propone Grant Morrison, del deslumbrante homenaje continuo a Watchmen, de conseguir lo que su admirado archienemigo Alan Moore no pudo hacer, de la perversión malintencionada de los símbolos de la paz, de la omnipresencia de un ocho infinito que permite avanzar y retroceder en un tiempo retorcido como una banda de Moebius, jugando como hace un cómic, que puede repasarse adelante y atrás una y otra vez, más allá de puertas que se abren al pasar una página y que se cierran al llegar a la siguiente, de espacios compartidos simultáneamente, de splash-pages despatarrantes, de guiños compartidos entre imágenes y palabras, de la necesidad imperiosa que recorre sus viñetas de encontrar un eureka que dé respuesta a todas las cuestiones, de recurrencias, referencias, espejos, travelings y fuegos de artificio milimetrados, tras leer y releer Pax Americana, al final nos quedamos con el interrogante de qué nos ha contado. No encontramos un relato al servicio del fascinante rompecabezas que plantea y sí una lección de narrativa gráfica que supera con creces las teorías mal llevadas a la práctica por Scott McCloud. A pesar de ser un episodio imbricado en una saga más larga, en esta ocasión más que nunca el medio es el mensaje en el imaginario del guionista escocés. Esta es una labor titánica de amor por el medio del cómic, de sus posibilidades y de su significado en la vida real de los que compartimos ese amor. Nos señala directamente como lectores activos, como esponjas ávidas por absorber lo mucho que nos ofrece. Cuando se acaba podemos volver a empezar. O retroceder. O abrirlo por cualquier parte. Una maravilla moderna con unas ilustraciones que cortan la respiración a cargo de su dibujante fetiche y que, probablemente, no lograría el mismo impacto en manos de otro artista. A ver quién se resiste al hype. Así que súbanse al carrusel y disfruten del espectáculo porque es inagotable. Infinito. Y volviendo a Forrest Gump, fíjense en su última secuencia. Él, que se ha pasado todo el metraje repitiendo incansablemente que no es diferente a los demás a pesar de que el mundo se haya empeñado en recordarle a cada oportunidad sus limitaciones, ante la perspectiva de tener un hijo muestra su debilidad, su temor a que haya heredado sus genes. Es perfectamente consciente de que juega en desventaja, pero eso nunca le ha arredrado. Se ha enfrentado a todo lo que ha venido a él haciendo lo que tenía que hacer y lo ha superado gracias a que siempre ha mantenido la dignidad. Eso es lo que cuenta.

Pax Americana.
Edición original: DC Comics 2014.
Guión: Grant Morrison.
Dibujo: Frank Quitely.
Color: Nathan Fairbairn.
Traducción: Francisco San Rafael Simó.
Realización: Juli Cases, Esteban Carmona, Pablo Esguevillas, Dolores Faraco, Francesc Martínez, Marc Vilaplana.
ECC Ediciones 2015.