Cuando nos quedamos sin sueños, la vida se convierte en una pesadilla. Transcurrimos por la existencia aletargados, anestesiados, abúlicos. El miedo nos hace ocultarnos tras una máscara para evitar arriesgarnos, para acomodarnos, para limitarnos a vegetar.

Con el recurso de la historia dentro de la historia, Charles Burns nos cuenta cuatro veces, de manera simultánea, la vida de un hombre que replica la de su padre. Trunca sus mismas ilusiones, comete sus mismos errores, se convierte en él sin darse cuenta. El autor profundiza en sus obsesiones por la angustia vital, la alienación, los mundos paralelos, las realidades alternativas y el realismo mágico que tanto le interesan a través de la cotidianeidad del protagonista, sus monólogos surrealistas, sus delirios y el cómic que lee en esos sueños. Son todo juegos de espejos, líneas discursivas que se entrecruzan en el el espacio y el tiempo y que se reflejan las unas en las otras mientras los diálogos se dirigen tanto a los personajes como al lector. Contrastan las viñetas repulsivas con el precioso dibujo, bonito colorido en tonos pastel y un guión milimétricamente planificado que se va resolviendo como una madeja que se desenmaraña. Todo encaja casi milagrosamente, todas las imágenes metareferenciales que ha ido sembrando por el camino, inadvertidamente, sin que importe cómo, cobran sentido. En su mejor momento de forma, Burns regresa con un onírico homenaje formal a Tintín y al álbum franco-belga en tomos hermosamente diseñados para que reflejen las ediciones de los libros del personaje creado por Hergé. Menos abstruso que Agujero Negro, esta trilogía conforma, quizás, su trabajo más satisfactorio. El viaje es por tiempos inquietante, horrorizante y fascinante. Basta con zambullirse y dejarse llevar.

Tóxico, La Colmena, Cráneo de Azúcar.
Edición original: X'ed Out, The Hive, Sugar Skull. Pantheon 2010-2014.
Guión y dibujo: Charles Burns.
Traducción: Rocío de la Maya y Carlos Mayor.
Rotulación: María Eloy-García.
Penguin Random House 2011-2015.