No se aprende de la experiencia. Sólo intentamos evitar las consecuencias indeseadas de los mismos errores. Siempre habrá alguien dispuesto a empezar una guerra pensando que la va a ganar. Y las guerras no las gana nadie, pero siempre pierden los mismos. Porque las guerras sí tienen culpables y responsables. Gobernantes ensoberbecidos, dirigentes populistas, salvapatrias endiosados, sociedades fanatizadas, regímenes militarizados, maestros manipuladores, nacionalistas obtusos, racistas obcecados y, siempre, todos aquellos dispuestos a ser fuertes con el débil y débiles con el fuerte. Una guerra es también la ocasión para que cada uno saque su verdadera personalidad y haga patente lo más siniestro que lleva dentro. Todo esto se refleja en esta obra de la manera más vívida y elocuente.

Esta es una historia que nos han contado mil veces, ahora narrada desde otra óptica. Las devastadoras consecuencias de llegar a lo que sea por sobrevivir antes, durante y después de la explosión atómica de Hiroshima. Primero una lectura obligatoria en las escuelas del Japón y más tarde prohibida, el autor no se recata a la hora de ser crítico con su país retratando una cultura violenta marcada por la tradición, las apariencias y el honor mal entendido. Una cultura sumida en sus contradicciones en la que la violencia es omnipresente, asumida como algo cotidiano, en la que para defender sus ideales también caen aquellos que la denuncian. Tampoco es comedido al mostrar escenas de la más repulsiva escatología en las dos acepciones de la palabra. Aunque también hay sitio para la dignidad y la nobleza, la constante es el egoísmo, la mezquindad, la ruindad y la falta de solidaridad hasta en la derrota, a las que llevan el miedo y el hambre. No es menos consciente de la difícil decisión entre optar por un mal y un mal mayor causada por un pueblo engañado dispuesto a morir matando debido la ceguera de los dirigentes y la sumisión militante de los gobernados, los abusos de poder, el comportamiento salvaje del ejército japonés con los prisioneros y sádico con sus propias fuerzas, y la locura suicida de los ciudadanos. El contraste del estilo de dibujo enraizado en el manga clásico, con las dolorosas imágenes que plasma y la permanente tensión de los acontecimientos que describe, hace que el choque sea aún más demoledor para el lector. Un alegato de ánimo didáctico contra el autoritarismo de gobernantes, militares, maestros. Contra el poder, en suma. Este es un libro necesario para recordar y comprender, y sobre todo, un catálogo del horror real, cotidiano, acaecido hace setenta años y del que, una vez más, no aprenderemos.

Pies Descalzos, una Historia de Hiroshima.
Edición original: Hadashi no Gen, Shueisha 1973-1974.
Guión y dibujo: Keiji Nakazawa.
Traducción: Víctor Illera Kanaya, María Serna Aguirre.
Rotulación: Estudio Fénix.
Penguin Random House 2015.