Es un hombre sencillo, es un ideal inspirador, es la mitificación de una buena persona que hace lo que debe (y puede). Es George Bailey tocando con su existencia la vida de tantas personas, dejando un mundo mejor del que encontró, renunciando a sus sueños por aquello de lo que se siente responsable y encontrando la felicidad en ello. Es un superhombre y es el vecino de al lado.

Una melancólica historia que recupera la esencia del héroe humanista abrumado por el peso de su propio poder y de su propia responsabilidad. Porque él es un hombre bueno que siempre hace lo correcto, que debe hacer todo lo que puede hacer, algunas veces con un pequeño deje de tristeza, a menudo como si cumpliera una condena, siempre intentando permanecer en el anonimato. Alguien al que el cínico de la cueva de los murciélagos descalificaría rápidamente como “un santurrón”. Una apelación a la fibra sensible del fan, a la lagrimita de reconocimiento. El equivalente al cine de Frank Capra con cita a Qué Bello Es Vivir incluida. Aquí no hay un blockbuster, sino una excelente película intimista sobre los primeros pasos del héroe deslumbrantemente presentada en grandes viñetas inspiradas en Norman Rockwell, salpicada de pequeños paralelismos, ilustrada con pinceladas discretas, breves y sensibles, y un coloreado sutil y, a la vez, apabullante. La edición, muy adecuada: sólida, cuidada, con un toque de romanticismo y acompañada de tres historias adicionales que forman el complemento perfecto. Y qué bien que por fin se ponga tanto mimo en la rotulación.

Superman: Las Cuatro Estaciones.
Edición original: Superman for All Seasons, DC Comics 1998.
Guión: Jeph Loeb.
Dibujo: Tim Sale.
Color: Bjarne Hansen.
Traducción: Barbara Azagra Rueda.
Realización: Juli Cases, Esteban Carmona, Marc Vilaplana, Dolores Faraco, Pablo Esguevillas, Francesc Martínez.
ECC Ediciones 2015.