Una cosa es cómo es la vida y otra cosa es cómo debería ser. Lo primero ya lo conocemos bien todos y, dependiendo del día, podríamos dar una definición más o menos cínica, pero nunca cómoda. Sin embargo, si la vida fuera como debe ser, el ingenio vencería a la fuerza, superaríamos con entereza los reveses de la fortuna aunque las cosas no salieran como deseamos, intentaríamos tomar el camino correcto a pesar de que no fuese el más fácil, y el amor consistiría en ver en la persona con la que compartes la vida a un ser mágico y maravilloso, pero también, un momento después, a un dechado de sentido común que te toma el pelo con delicioso sentido del humor. Habría, en definitiva, sitio para la épica y para la lírica, para la tragedia y para la comedia. Cuando se conservan la dignidad, el respeto, la integridad y la gallardía para con uno mismo y para con los demás, hasta en los momentos más amargos la vida es una sucesión de instantes preciosos para conservar y paladear.

A principios de 1937 apareció la primera plancha dominical de una serie que se prolongó de la mano de su creador, semana a semana, durante más de tres décadas. Fue la obra de toda una vida de un maestro que, en un principio, no quería dedicarse al medio y también la primera manifestación madura del cómic como arte. Aquí el héroe nunca pierde de vista el sentido del deber, pero no siempre vence. Los personajes crecen y evolucionan, se enamoran y tienen hijos, sufren, desaparecen y mueren. Corren paralelas las hazañas, la vida cotidiana y hasta los momentos ridículos en los que el protagonista se ríe de sí mismo. Se muestran crueldad y penas, pero también placeres y alegría. Hay aventuras, risas y denuncia, siempre con una mirada compasiva no exenta de ironía y, sobre todo, adulta. Más allá de las despampanantes ilustraciones que se aproximan a Sir Lawrence Alma-Tadema y a Jean Léon Gérôme, hay un guión cuajado de perlas que desborda comprensión hacia el ser humano, comunión con la naturaleza y amor por la vida. Tras los más bellos dibujos que jamás se hayan plasmado en el mundo de la historieta, hay un fabulador que no tiene parangón para dotar de carne y alma a sus personajes. Luego, ay, una vez vendidos los derechos por cuestiones de edad y salud, la continuación quedó en otras manos y ya no volvió a ser lo mismo. Para disfrutar de un trazo maravilloso a gran tamaño, esta es, sin duda, la edición definitiva en blanco y negro primorosamente restaurada con todo cariño y con la mejor traducción en español hasta la fecha. Si me ocurriese la catástrofe de tener que salvar sólo una obra de mi estantería, no tengo ninguna duda de cuál sería la escogida.

Príncipe Valiente.
Edición original: Prince Valiant, King Features Syndicate 1937-1971.
Guión y dibujo: Harold R. Foster.
Traducción: Rafael Marín.
Restauración y rotulación: Manuel Caldas, Pedro Manuel Caldas, João Paulo Caldas, Maria do Rosário Caldas.
Libros de Papel / La Imprenta 2006-presente.