La mayoría de nosotros llevamos una vida sencilla, triste y sin proyectos. La existencia discurre monótona sin diferenciar un día de otro. Algunos soñamos con estar en otro lado lejos de nuestra pequeñez provinciana, de un entorno posesivo y desquiciante. Quisiéramos atrevernos a traer un poco de emoción a la aburrida cotidianeidad, pero nos lo impide el chantaje emocional de nuestros miedos. No nos damos cuenta de que entre los pequeños encantos de nuestro modesto día a día ya tenemos todo lo que anhelamos si lo miramos con los ojos limpios.

El trazo delicado y exquisito, y la paleta de colores sutil y afortunada de Camille Jourdy se aproximan a la ilustración de cuentos infantiles. La suya, empero, es una sencillez aparente, engañosa. La autora es una hábil observadora de la condición humana que, con delicada sensibilidad, cuenta una historia personas y de emociones en la que bulle la vida. Hasta la evocadora tipografía suma en este bonito y melancólico relato sin sobresaltos que se deja discurrir lentamente. Una delicia para los degustadores de placeres mínimos.

Rosalie Blum.
Edición original: Actes Sud 2007-2009.
Guión y dibujo: Camille Jourdy.
Traducción: Raúl Martínez.
Rotulación: No consta.
Ediciones La Cúpula 2015.