Los detectives privados son siempre tipos duros, a pesar de que le tengan aversión a disparar armas de fuego. Tienen relaciones tormentosas con la policía y esconden un pasado turbio que les lleva a desarrollar tendencias autodestructivas. Como tienen algo roto por dentro, prefieren los ambientes nocturnos, lluviosos y envueltos en una neblina de humo. Son cínicos que nunca se quitan la gabardina, tienen contactos hasta en el infierno y parlotean constantemente consigo mismos contándose sus casos como si necesitasen poner en orden el mundo en su cabeza. Es de esperar que sus ayudantes suelan ser tipos pintorescos y, a pesar de vivir en cuchitriles, son contratados por misteriosas vampiresas. También se sienten irremediablemente atraídos por mujeres fatales que saben que, indefectiblemente, los llevarán a la perdición. Por eso acostumbran a meterse en peleas que, con catastrófica regularidad, pierden y que hacen que se pasen la historia con la cara hecha un mapa, aunque vayan dejando un reguero de cadáveres en cada giro de su investigación. Y es que los detectives privados son tipos duros con el corazón tierno.

El autor de Criminal y de Fatale da el primer paso hacia una carrera en la que el género negro es el lienzo sobre el que explorará cualquier otro estilo que le apetezca. Con esta obra cumple todos los requisitos establecidos aprendidos en el libro de estilo de los grandes maestros y los regurgita de una forma fresca para establecer las bases de lo que podría haber sido una serie excelente que, una pena, la falta de interés tanto por parte de los compradores como de la editorial, cercenó para dejarla en un único capítulo magistral. Aunque la parte del león del dibujo se la lleva una debilidad personal de este su seguro servidor, el trazo turbopop de Michael Lark, este trabajo representa también la primera colaboración con su habitual pareja de baile hasta la fecha, Sean Phillips. Todo ello enfundado en una edición la mar de apañada y glaseada con jugosos extras del cómo se hizo, pero empañada por algún fallo tipográfico, pequeños manierismos del traductor y el desconcertante diseminado demasiado liberal de los signos de interrogación.

La Escena del Crimen.
Edición original: Scene of the Crime, DC Comics / Vertigo 1999.
Guión: Ed Brubaker.
Dibujo: Michael Lark.
Entintado: Sean Phillips.
Color: James Sinclair.
Traducción: Nacho Bentz.
Rotulación: No consta.
Planeta Cómic 2015.